Wednesday, November 16, 2005

12 noviembre, 2005

María Luisa Rubio

Les sigo contando...

Que aunque habíamos quedado de vernos a la 9:30, las tres gracias se levantaron bastante tarde; tanto, que tuvieron que asistir ataviadas con sus huipiles coloridos y adornadas con las joyas de la caja mágica de Lety Ricardez, al delicioso desayuno que les había preparado don Agustín: huevos revueltos en salsa de jitomate con chorizo, quesadillas de fideos, fruta, jugo, café, pan... Este desayuno y todas las comidas fueron abundantemente regadas con placentera conversación. Había que ir a una reunión con la directora de la Casa de la Cultura Oaxaqueña, Alicia, mujer simpatiquísima y llena de energía, para ajustar detalles de la presentación de la noche.
La Casa de la Cultura Oaxaqueña está instalada en lo que fuera el convento capuchino dedicado a Nuestra Señora de los Ángeles y construido para albergar novicias indígenas. Expropiado durante la Reforma, sirvió en el siglo XIX como escuela de artes y oficios, posteriormente abandonado, declarado monumento histórico en los 30 y rescatado en los 60 para instalar ahí la Casa de la Cultura de Oaxaca y el Archivo General del Estado. Su construcción de cantera verde, como la mayoría de los templos y capillas de la ciudad, está anexa al templo de los Siete Príncipes, dedicado a los arcángeles en el siglo XVIII. El estilo de su fachada es muy sobrio, así como el interior de ambas construcciones. En el patio central de la Casa de la Cultura se inauguraría por la noche el Jardín de los Poetas, inspirado en el relato que Lety Ricardez trajo de Trento sobre el Bosque de los Poetas. En este Jardín, poemas de Octavio Paz, Elsa Cross, Alí Chumacero y José Gorostiza cuelgan de las ramas de los árboles, flotan en la fuente central de cantera o presiden su escalinata. A la hora que llegamos a la Casa, el patio estaba adornado con coloridos y divertidos trabajos infantiles sobre el Día de los Muertos, realizados a base de diversas semillas y flores. El ir y venir por la Casa de la Cultura es impresionante: chicos con sus pinturas, jóvenes con sus instrumentos a cuestas; se siente tanta vida y tanta energía, tanta entrega en el cultivo de las bellas artes, que dan ganas de no salir nunca de ahí. Pero tenemos que marcharnos: después de un intercambio de libros, fotos, entrevista a Raquel y una agradabilísima conversación con Luis Amador, poeta oaxaqueño y ahora amigo de Cardo, el grupo se dispersa para reunirse a las tres de la tarde en nuestro cuartel general y disfrutar otra vez de la exquisita cocina de don Agustín: Pollo en pipián, arroz, frijoles negros y tortillas recién hechecitas y un poco de mezcal. La plática estaba a todo dar pero había que prepararse para el evento de la noche. Nos habían invitado a la inauguración del Jardín, a las siete y la presentación estaba anunciada a las ocho. Y allá vamos, todos emperifollados y emocionados, de regreso a la Casa de la Cultura, ahora engalanada con su banda de música. Inauguración del Jardín, paseo por los poemas y finalmente el meollo de este post: Nuestro Evento. En la mesa del presidium Lety Ricardez, Raquel Olvera, Patricia Farfán, Jorge Orozco (coordinador del taller de poesía Palabrarte) y la directora de la Casa de la Cultura, Alicia Aguilar; la audiencia no fue multitudinaria, pero la noche nos sorprendería con diversas presencias que luego significaron planes a futuro: Alicia Mancilla, Lorenzo León, Juan Pablo Vasconcelos, Jorge Esquinca; los amigos de Oscar Cid, fieles, nos acompañaron esa noche también, así como otras personas que siguieron atentas la conmovedora presentación que hizo Patricia Farfán (disponible próximamente en el blog del Colectivo) y la lectura de poemas. Con la presentación de la Antología, se declararon formalmente abiertas las Jornadas Literarias Sor Juana Inés de la Cruz, parte de las actividades culturales de la XXVI Feria del Libro de Oaxaca 2005.
El resto de la noche fue de sana convivencia entre los siente cardos, de la Casa de la Cultura a la maravillosa terraza de los Cid de León: sana porque se leyó mucha poesía, se conversó largo y tendido sobre felinos, se mudó la fiesta a la sala de nuestra "casa", se rezó (cada quien desde su orilla pero tomados de la mano) por el suave tránsito de Emilio Ebergengy, se consumió más alcohol que el que había y las tres gracias terminaron borrachas, hablando de Dios y del destino, a las 6 y media de la mañana.
Ya no hay mucho qué platicar, pero algo queda. Regreso al rato.

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