Wednesday, November 16, 2005

Leer poesía en el vórtice del Istmo

Crónica escrita por Roberto Ramos

En lo que representa una verdadera cruzada para llevar el resplandor natural de la palabra expuesta y ofrecida en su expresión radical de la poética, la tribu o la cara–no–vana, de Salvajes, locos, niños y poetas, realizó dos lecturas de obra propia en la mera tierra de la Sandunga, una de ellas durante la noche sobra la plaza de Santo domingo en Tehuantepec y la otra al caer la tarde del día siguiente en el espléndido patio de la Casa de la Cultura.

María Luisa Rubio, Roberto Ramos y nuestra adalid Raquel Olvera partieron del jardín Hidalgo en el centro de Atzcapotzalco el domingo 19 de mayo (donde ofrecieron una lectura) con rumbo a el Istmo de Tehuantepec.

Abordaron el Metro en la estación Camarones de la línea naranja; transbordaron en Tacubaya con rumbo a Pantitlán. Descendieron en el andén de San Lázaro y celebraron entre muchas otras cosas la gracia de un pregonero en el vagón que pasó casi cantando.

“El libro de los sueños y las pesadillas por sólo diez pesos.”

Con las mochilas terciadas al hombro y el fulgor de la aventura en las pupilas se desplazaron por el amplio corredor de acceso al edificio trazado con la arquitectura ancestral del peyote: la TAPO. Su nave partió a las cinco y cuarto exactamente. Luego de siete horas de viaje continuo en el que se recitó poesía, se narraron historias verdaderas y apócrifas, se discutieron temas de la creatividad, y se convenció a El tigre Famélico para aceptar el título de poeta, arribaron a la ciudad de Oaxaca alrededor de la media noche.

En un taxi local de franjas rojas se trasladaron al hotel Cid de León. Rebasados por la exquisitez del decorado de las habitaciones, subieron a conversar conmovidos en serio a la terraza con jardín y macetas colgantes, desde donde contemplaron la cúpula catedralicia de el Carmen, bajo y una luna menguante con resplandor platinado. El Tigre Famélico ya próximo al arribo a la ciudad de Oaxaca, intentó deslumbrar a las poetas formulando una arriesgada analogía entre el Génesis y el instante de la toma de conciencia. María Luisa elogió de alguna forma la propuesta pero de inmediato reviró esgrimiendo un argumento de Mary Shelley, la creadora del doctor Víctor Frankestein, pues la autora propone que en el principio era el caos más que la nada del Génesis, de donde el artista toma los elementos adecuados que le permiten establecer un orden en el plano poético.

Lety Ricardez, María Luisa Rubio y Raquel Olvera, se quedaron revisando la novela Entre Caracoles hasta las seis de la mañana siguiente. Desayunaron con la anfitriona Lety Ricardez en la terraza con jardín iluminado por la luz del día. Les sirvieron tamales de hoja en el más puro estilo oaxaqueño, enchiladas rojas colmadas con crema y queso rayado de la región, jugo de naranja, café y pan de dulce.

A las 13:00 horas en una camioneta gris acero con un motor fino que tiene el rumor de la niebla cuando se desplaza, partieron del centro de Oaxaca con rumbo hacia Tehuantepec. En el camino María Luisa Rubio leyó en voz alta el adelanto de la novela que está escribiendo Leticia Ricardez, quien viajaba precisamente conduciendo el volante. Agradó al grupo la audacia y la pericia en la propuesta estructural en la que se ofrece la trama, y también se hicieron notar los elementos narrativos donde las escritura que ejercitan las mujeres de la obra, juega tal papel de composición que, además de revelarse a sí mismas, prácticamente involucran al lector como posible actor de la obra que está leyendo. Agradó la forma en que Graciela se va dibujando a sí misma y reconstruyendo los sentimientos esenciales de su personalidad, y así todos las personajes centrales, comienzan a descubrirse a sí mismas a través del ejercicio de la escritura.

La carretera por la que viajaron es sinuosa, de curvas estrechas que se pandean, bordada de espléndidas laderas que son la piel de la sierra madre, poblada de cactus espigados con brazos de candelero y que por su abundancia de pronto ofrecen la impresión de ser soldados de Marte custodiando el camino.

En un momento dado el trayecto se tornó infinito, pues pareció que los envolvió una burbuja de realidad donde ya no avanzaban ni en el kilometraje ni en el tiempo. En un poblado reducido al costado de la carretera le preguntaron a una mujer la distancia que faltaba para llegar a su destino y ella respondió que dos horas. Hicieron una escala de tregua en Jalapa del Marqués y ahí comieron con grande contento y camaradería unas mojarras fritas con su ensalada de guarnición y su rodaja de jitomate y bebieron agua de coco directamente de unos cocos verdes y frescos recién arrancados de la mata de la palmera salvaje.

Aproximadamente a las siete de la noche arribaron a la ciudad de Tehuantepec. Prácticamente en la entrada de la población estaba el hotel, que se llama Giexhoba, donde se hospedaron a las carreras para en seguida trasladarse a Santo Domingo, pues además de tener el tiempo encima, en la recepción les comunicaron una mensaje apremiante.

Después de un suave conjunto de Jazz con teclados y con una cantante espigada de cabello amarillo como los campos de trigo y pómulos en relieve, anunció el locutor la participación y la lectura del grupo Salvajes, locos, niños y poetas. El presidente municipal el doctor Martín Vásquez Villanueva estuvo presente, sentado y atento a la danza de letras y a las imágenes que de ellas se derivaban. María Luisa Rubio sorprendió con una voz que de pronto se desplegó con un vigoroso radio por toda la plaza y la parecía hacer flota con todo y árboles en una ingravidez acorde con el clima.

Se escuchó la voz de Raquel que no dejó de maravillarse de que no hacía más de un día habíamos estado en el parque de Aztcapotzalco y le llamó la atención el canto de los pájaros jugando entre los tupidos follajes y ahora en ese otro jardín lo que le llamaba la atención fue el canto de los niños que corrían y jugaban. Leticia Ricardez también leyó obra propia y Roberto Ramos estrenó un cuento que se denomina El río asesino. Al final se aproximaron algunas personas a las poetas. Un joven en una libreta de colección, forrada con cuidado, les solicitó su autógrafo a cada una de las integrantes. Después a la media noche el grupo en pleno cenó tasajo y café en el restaurante del hotel Giexhoba, que es una flor blanca como la nieve.

El martes 21 después del desayuno la emprendieron hacia la Ventosa. Cuando bajaban de la camioneta les advirtieron que el mar estaba picado. Se aproximaron a recoger algunas piedras a la orilla y ocurrió el fenómeno óptico que con el escenario de un mar un tanto agitado, la silueta y los contornos de las poeta se tornaron en extremo delicados, muy próximas a las fronteras del hechizo. Y en algunas de las palapas se escuchaba un radiecito con:

“Una lágrima y un recuerdo, de por vida llevaré.”

Raquel recogió una piedra para Lety y a partir de ahí la estuvimos bombardeando de palabras, versos y pensamientos con el propósito de que cuando Lety toque esa piedra, las palabras del recuerdo se desprenda y corran a través de la frecuencia de su torrente sanguíneo y nunca jamás se olvide este viaje. De ahí se trasladaron a Juchitán, cebados francamente por la ilusión del paladar del tigre de probar las tlayudas legítimamente preparadas. Lo primero que hicieron al llegar fue adentrarse en el mercado. Raquel Olvera lucía deslumbrante –con un vestido que ella mismo confeccionó con estampados de signos y sombras guindas– y así se lo hicieron notar las marchantas juchitecas. “Estás alegre, ña.” Una joven que ofrecía en su canasto de múltiples oficios, mangos, le dijo a María Luisa que probaran unos para que se pusiera más blanca y más dulce, y se lo dijo acariciándole el brazo. Raquel Olvera compró iguana, pero no se atrevió a comerla y María Luisa entró al quite. Lety Ricardez nos esperó en una jardinera del parque. Raquel, María Luisa, Teresa y Roberto comieron tlayudas preparadas por Na Jacinta. Luego fueron con Lety que ya había establecido y dilatado su imperio de encantamiento, y tenía muy divertidos con sus frases a los lustradores de calzado que estaban convertidos en unos tahúres jugando cubilete de una manera que le llamó mucho la atención a Lety pues cuando agitaban los dado llevaban el cubilete a la altura de la oreja como tratando de adivinar las cifras que se convulsionaban en el interior. También ya se había hecho amiga de la vendedora de nanches y casi establecía una sociedad comercial con ella. En el parque el Tigre –dado que subestimaron su petición de que por favor le pusieran un bozal en los ojos– distinguió a una Venus espigada con una pantalón de mezclilla muy entallado que estaba ayudando a unos jipis a hacer trencitas y le empezó a tirar unas tarascadas con la pupilas que además de rebanar la silueta de la Venus la estaba poniendo más hermosa, casi hasta el escándalo. Por eso mejor se fueron, distrayendo al Tigre con temas literarios Después acompañaron a Lety a comer un rico pescado y de ahí regresaron a Tehuantepec. Por cierto que en la entrada se ve una capilla blanca sobre una colina. Tomaron un leve refrigerio y se reencontraron en el estacionamiento. Salieron las poetas deslumbrantes. La que no llevaba vestido largo negro, era porque lucía una especie de kimono oriental, con líneas guindas, o bien era porque llevaba una huipil amarillo que hacía cundir los gérmenes de un hechizo insospechado en las pupilas que empezaban a dilatarse por los contrastes de luz propios de cuando atardece. Cuando llegaron al patio de la casa de cultura les llamó la atención la forma en que unos hombres esparcían de una cubeta con la parsimonia de la ofrenda, agua que de inmediato era absorbida por el ladrillo rojo del piso. El escenario ya estaba listo y hubo la ocasión propicia para realizar una prueba de sonido y dialogar algo a propósito de las voces que convienen en el momento de la lectura y así se empezó a convocar a la gente de Tehuantepec para que se animara a pasar a los asientos que los estaban aguardando. Sucedió que se invitó a una persona del público para que realizara una traducción simultánea de los poemas y fue en verdad un fenómeno interesantísimo desde cualquier punto que se le quiera apreciar pues el mismo público espontáneamente eligió a la persona adecuada y por fin se animó a subir y con micrófono en mano tradujo poemas de Lety, de María Luisa y de Teresa y de Raquel y un fragmento de los Cien años de soledad, para regocijo de los ahí reunidos. En eso llegó el presidente municipal el doctor Martín Vázquez y también Georgina Meneses García que había tenido algunos problemas el día anterior pero ya estaba ahí con una sonrisa literalmente radiante y se llevó a cabo la lectura.

Esta vez abrió la sesión Raquel Olvera, comentó el propósito del grupo, la relevancia de la lectura y su convicción de que la lectura de las imágenes poéticas tienen una influencia decisiva en los goznes del universo; luego María Luisa con un poema preferido de Pavel donde una idea zumbadora termina aniquilada por un manotazo certero; Roberto narró un cuento propio y cerró la sesión Lety Ricardez con un poema en italiano y otro dedicado a la memoria de su padre y fue en verdad un momento relevante. De nueva cuenta la gente del auditorio escuchó con mucha atención y con respeto y al final el presidente municipal se levantó a agradecer la actuación del grupo y también él fue muy elocuente al grado que citó a Octavio Paz cuando recomendaba a los políticos la lectura de poesía y ya después varias personas del público se aproximaron a las poetas para solicitarles su autógrafo o para preguntarles alguna cuestión sobre la naturaleza del oficio y entre ellos un periodista presentó a su hijo de apenas seis años de edad a Raquel y resultó que el niño es un excelente lector de poesía que se ha ganado varios premios en la escuela y Raquel le dijo el poema de José Juan Tablada y el niño se lo aprendió de inmediato y lo memorizó y erigió letra por letra y no sólo eso sino que además inventó una palabra que supera a la que está incorporada en el poema, infinitamente superior al que anotó José Juan Tablada pues en vez de carcajada el niño decía carcajiada y luego le preguntamos que qué era lo que entendía del poema y respondió que pues que en verano había muchas carcajiadas, y luego todavía limpiándonos algunas lágrimas de los ojos le preguntamos que quien le había enseñado a leer y respondió que su maestra Teté y le volvimos a preguntar que si era bonita su maestra y dijo que sí y le preguntamos que cómo era, y entonces dijo dirigiéndose a Raquel: Es como usted. También quisimos saber lo que había percibido del recital de poesía, entonces el pequeño habló de un poema que decía algo de las sombras y remató diciendo que el había entendido que el hombre que no tiene corazón, no tiene sombra. Mientras tanto se llevaba a cabo un concierto de clavecín y ya al final el niño subió a leer algunos poemas y todo mundo se quedó sorprendido con la claridad de su dicción y Lety Ricardez le obsequió los poemas y estuvo un rato platicando con él, a quien es muy probable que traigan a una lectura en la ciudad de México.

Después nos fuimos con los concertistas, el presidente municipal Martín Vásquez y Georgina y todo el grupo de poetas a cenar en la plaza de Santo Domingo y de nueva cuenta se consumieron con especial entusiasmo las tlayudas. Ahí ya nos despedimos del presidente municipal que tuvo muchas atenciones para con el grupo y con Georgina Meneses que es una estupendas cantante y tiene una versión muy interesante de Naila de Chuy Rasgado, pero que sobre todo tiene un entusiasmo y los problemas que tuvo para estar presente se disolvieron con el resplandor de su sonrisa y fue un toque de hospitalidad para el grupo que se fue a descansar al borde de la media noche para partir al día siguiente.

Salieron como a las una de la tarde. Hicieron una escala para comer rico en una presa, con palapas y hamacas y un mezcal prodigioso que despertó espacios gramaticales de mucho regocijo. Después emprendieron de nuevo el retorno y de pronto María Luisa tomó la palabra y les empezó a hablar de la vida de Mary Shelley y las dificultades que tuvo que librar para poder escribir su obra y muchos datos en verdad enriquecedores, y María Luisa narró con una pasión el tema, que todo mundo quedó suspendido del hilo de su información. Se leyó de nueva cuenta poesía, a Girondo, a Oscar el hijo de Lety, el primer capítulo del Quijote y fuimos recordando las frase que surgieron en el camino como que el corazón no es coyuntural, que no quiero porque me gusta demasiado, que en la Ventosa las palabras se las lleva el viento, que hay pero que linda venías, que ah bueno pues así si canto, que ¿a dónde olvidé mi papel? o cuando nos confirmaron las tres habitaciones y alguien dijo ya nos salvamos, y todo ello entre grandes risas y verdaderamente felices trasladados en esa camioneta de fantasía cuyo motor tiene el rumor de la niebla y entonces ya estaba el grupo próximo a llegar a la ciudad de Oaxaca cuando Lety les reveló su mayor regalo, una puesta de sol que calculó con precisión milimétrica, y de pronto creyó que ya se le había pasado el suceso, pero resultó que el sol estaba agazapado detrás de una espesa nube azul como cuerpo de toro y empezó a salir como si el toro estuviera regurgitando el corazón redondo, con plenitud, lentamente, semejante a la gallardía de un león de melena escarlata, para irse hundiendo entre las líneas de cerros, ante la mirada extasiada de las poetas, cuyas pupilas se anegaron con el resplandor hasta consumir la última braza que fulguró en la punta de la cordillera de cerros.

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