Wednesday, May 24, 2006

Crónica de mi primer viaje al Temazcal/Jaime Palacios Trabamala

5 de febrero de 2005

Creo que hasta el momento una de la experiencias mas renovadoras y hermosas que me ha tocado vivir es el viaje que realicé con Tania, María Luisa, Oscar y Gabriel; ratificó lo importante que son todos y cada uno de los Salvajes locos, niños y poetas y de lo que ha significado Cardo para mí.

Llegamos a Acopilco, Cuajimalpa aproximadamente a las 12: 30 con Javier responsable del Temazcal. Ubicado frente a un cerro tupido en su parte superior y dividido por una carretera; todo el lugar esta rodeado por árboles de pinos, capulines, tejocotes, ciruelos, manzanos y arbustos de rosales; además de la magnificencia de un pequeño peñasco de aproximadamente tres metros de altura por cinco metros de diámetro esperando para ser un temazcal. Lamentablemente tengo que decir que este lugar no se escapa a la depredación humana ya que también encontramos basura a un costado del arroyo que pasa por ahí.

Iniciamos nuestras labores limpiando al Temazcal, de un diámetro aproximado de 3 metros por un metro de altura, sus muros son de concreto así como el techo; el piso es completamente de tabique rojo. Retiramos a los abuelos (las piedras volcánicas) y barrimos su interior. Después realizamos una caminata para traer provisiones. Al regresar José Luis junto con Vladimir y Felipe, quienes también participarían del Temazcal, habían cumplido con su labor al bajar leña para la fogata.

Empezamos con la ceremonia que consistió en tomar a un Abuelo y pedirle un favor, lo depositamos en una pequeña zanja junto con los demás Abuelos. Después tomamos un trozo de leña al cual también le pedimos y dimos gracias. Las introdujimos cubriendo a los Abuelos. Tomamos un pequeño trozo de ocote, lo acercamos al fuego y lo arrojamos a la leña.

Ya encendida la fogata se nos dieron nuevas tareas, a mí me tocó ir por agua. Javier me entrego una vasija y un plato de barro ceremonial. Me dio instrucciones para realizar una ceremonia donde tenia que pedir permiso al ojo de agua antes de tomar el agua; arrojé gajos de mandarina y plátano dominico, llenamos los botes de agua, la vasija de barro y regresamos.

Había pasado aproximadamente una hora de la ceremonia por lo que se nos pidió nos alistáramos para el Temazcal.

Nos fuimos introduciendo uno a uno dentro del Temazcal. En mi turno estaba lleno de tantas emociones que cometí una pequeña falta a una regla que ignoraba, consistente en entrar por mi lado izquierdo y rodear el pequeño hoyo circular que se encuentra en el centro: Yo me introduje en forma directa y salté el hoyo. Comenzamos el Temazcal, cada uno hizo una pequeño comentario de los buscado. Yo me senté casi enfrente de la pequeña puerta; a mi lado se encontraba María Luisa. Recibí dos palos que me servirían para maniobrar y acomodar a los abuelos, a los primero cuatro los coloqué en forma de cruz de izquierda a derecha y de enfrente y atrás, mientras que a María Luisa le correspondió bautizarlos y pedirles frotándolos con copal, así se colocamos a los primeros trece abuelos.

Comenzamos con la primera puerta. La oscuridad nos envolvió. Sentir poco a poco cómo mi cuerpo se llenaba de humedad y el vapor comenzaba a rodear mi cuerpo, mi nariz olfateaba el vapor, mis muñecas apoyadas a las rodillas y con la espalda ligeramente encorvada me dispuse a gozar de esta experiencia nueva.

El ambiente comenzaba a estar más acalorado, pero yo tenía una sensación agradable. Javier comenzó hablando de lo que significaba el Temazcal y así con el bote lleno del agua que se había recolectado del ojo de agua, Javier iba sumergiendo un racimo de yerbas que arrojado su rocío provocaba a los abuelos que chispearan. Así termino la primera puerta. Se pidió si alguien deseaba ayudar a introducir a otros abuelos.

Vladimir junto con otro chico que nos acompañaba salieron a realizar esa labor. Ya introducidos nos dispusimos a comenzar la segunda puerta. Se cerró el Temazcal; el aire era cada vez mas pesado y caliente. Yo seguía con las rodillas apoyadas sobre las muñecas e inclinado sobre el muro con la cabeza ligeramente caída; el rocío era mas fuerte y denso, tanto, que levanté la cabeza y comencé a jalar aire por la nariz y expirarlo por la la boca (recordé el consejo que me había dando sobre la respiración al correr e hice lo mismo); me relajé y recibí el vapor. Sentía mis pulmones inflarse con el aire caliente y mi nariz estaba cada vez mas sofocada, en las piernas sentía un ardor pero poco después me comencé a relajar. Obviamente también estaba sudando demasiado. Vladimir se comenzó a sofocar y desesperado quería salir; Javier le pidió que se calmara y le sugirió se recostara. Entre los cantos y reflexionado sobre la soledad terminamos la segunda puerta

Vladimir salió para introducir mas abuelos y así comenzamos la tercera puerta. Esta vez Javier pidió a Gabriel que la llevara; le entregó el bote y ramo de yerbas. Se volvió a tapar y el Temazcal volvió a quedar a obscuras Aún no iniciaba y el adentro el aire se encontraba bastante denso y caliente. La tercera puerta comenzó y la llevó Gabriel.

Gabriel habló de la naturaleza y de todo el daño que el ser humano le ha hecho, de las mujeres que atraviesan por graves problemas y del amor a la familia.

El ambiente estaba sofocándome tanto que en un momento decidí recostarme y colocarme en una posición fetal. En ese instante sentí que todo mis sentidos habían quedado dormidos, mis oídos estaban tapados, tenía los ojos cerrados; hubo un momento donde llegaron a mi mente muchas imágenes, colores, vivencias; aun así sentía el calor. Recuerdo que estaba jadeando tanto que a causa de ello llovió sobre mí una brisa húmeda, producto del racimo que Gabriel tenía.

Terminó la tercera puerta. En ese momento estaba agotado, sentí que necesitaba salir; ya estando afuera lo primero que hice fue respirar y tomar agua. Sentía arder mi cuerpo. Atrás de mí salieron Oscar y Gabriel.

Tengo que decir que estaba completamente consumido ya que al principio me costó incluso tomar la pala y caminar, pero a pesar de todo esto estaba feliz: esto era un reto y deseaba terminarlo. Óscar y Gabriel me ayudaron a introducir a los últimos abuelos. Me introduje de nuevo al temazcal.

A María Luisa le correspondió llevar la cuarta y última puerta; el ambiente adentro seguía bastante sofocante. Me acosté casi inmediatamente y creo que cometí la falta de invadir con mis piernas parte del espacio del señor Felipe que se encontraba a mi lado izquierdo. Esta vez el vapor traía un aroma a tierra; sentí que mis pulmones estaban enormes y respiraba muy rápidamente; el vapor era tan caliente que en un momento volví a estar adormecido. Fue entonces que Don Felipe comenzó a jadear muy rápido, se inclinó rápidamente y se abalanzo sobre mí tratando de salir. Estaba teniendo un viaje; un viaje a esos lugares que guardamos por no ser grato. Había recordado su infancia; el abandono que sufrió, la falta de cariño, las carencias que lo habían obligado incluso a robar y de su enfermedad: el alcoholismo. Yo retorné porque verdaderamente me encontraba en un estado pasivo, lleno de luz, no comprendí muy bien al principio lo que pasaba.

Solo observe los rostros de los demás, acongojados. Recuerdo muy bien lo que Don Felipe dijo a Tania; que si le cantaba una canción. Así ese su delirio lo regresó a los momentos donde también deseo ser cantante.

Así prácticamente terminó este Temazcal; poco a poco fuimos saliendo. Lo primero que hice fue rociarme agua con una manguera e inmediatamente me dispuse a vestirme. Poco a poco nos fuimos encontrando en ese cuarto improvisado de muros y pisos de tablas.

Nos dispusimos a comer, el arroz, los aguacates, el cóctel y el ponche estaban listos; tengo que decir que tal vez la emoción, los sentimientos, la pureza que esos bocados aún lo tengo presente, con un sabor apacible.

Terminamos y nos dispusimos a salir, don Felipe pidió de nuevo disculpas por lo acontecido y le cantó a Tania. Nos despedimos de Javier y su familia, salimos en la oscuridad del cerro con nuestro pensamiento abierto. Platicamos en el trayecto de la experiencia vivida, de lo bien que había llevado la puerta Gabriel y de la forma como había terminado con Don Felipe.

Tania nos dejo en el metro Auditorio, viajamos por las luces y seguimos platicando; Gabriel bajó primero; después, Óscar y María Luisa. Una cosa que me quedó muy presente fue un comentario en la plática ante la insistencia de Don Felipe por cantarle a Tania, a lo que yo di tono de ser un sentimental diciendo: ¿Quien no le cantaría a Tania?

Así me despedí, y volví a casa satisfecho; lleno de cariño y agradecimiento por esta experiencia.